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lunes, 8 de diciembre de 2008

INMOLACIÓN


Advertencia.
Esta narración tiene una primera parte, cuya autora no soy yo, que fue publicado en www.odiadodiario.blogspot.com. y en la revista literaria
online Tatu Carreta, una vez finalizado el concurso que consistía en darle un final a la primera parte, escrita por Alejandra Pesares, ejecutora del blog Odiado Diario, ya mencionado.

Leer las confesiones que hacían la primera parte de la historia de Alejandra en su blog
Odiado Diario fue casi tan casual como el hecho de que vos estés leyendo ahora este escrito.

Me había llegado la invitación al e.mail y como soy aficionada a leer blogs de chicas desesperadas, y éste en particular había llamado mi atención con su “Busco narrador que le dé un final a mi historia. Será bien remunerado”, le di click al link de inmediato.

No soy experta escribiendo, solo posteo en el orkut (y con perfiles falsos), alguna vez tuve diarios, costumbre que cultivé hasta los quince años, más o menos, pero desde la funesta tragedia que premiara mi capacidad de ficcionar realidades, decidí recuperar esa época creando este blog de acceso libre y gratuito para mis fanáticos más fieles.

La consigna que proponía Alejandra era como un juego. Por la cantidad de entradas que alzaron al blog en aquella ocasión, unas sesenta, sé que mucha gente había tomado en serio la invitación de narrar el final de la historia de Alejandra.

La invitación hasta ahí era una interesante propuesta lúdica. Con mi amiga Mare nos devanamos los sesos imaginando la primera parte de la historia mientras nos recuperábamos de la impresión que nos había causado el video,que debía ser configurado como texto narrativo para obtener el final de la historia.

Bueno, voy a empezar por la parte que tuve que narrar por encargo. Ahora que superé el trauma, que no me queda otra cosa que escribir mientras me recupero, por lo menos quiero que como testimonio queden estos escritos en mi blog.

Alejandra estaba loca, supongo que lo estaba, más que cualquiera, pero al menos había cumplido con lo que prometía.

Me había erigido como ganadora por haber narrado el mejor final del relato. Había ganado la consigna. Mi entrada fue publicada como primera en el blog Odiado Diario y se titulaba “La venganza de la hembra”, junto a los otros dos finales titulados de la misma manera, que habían clasificado en segundo y tercer lugar. También había sido publicada en la Revista Literaria online
Tatu Carreta, tanto la primera parte, narrada por Alejandra como la segunda, de autoría mía, con los créditos correspondientes para ambas y la mención de ganadora prima que me honraba. Más tarde, fue girado a mi nombre un envió del monto prometido a la ganadora de la mejor narración del relato.

La sensación de haber ganado era de por sí indescriptible. Yo hasta había soñado que había un gran jurado que me entregaba el premio de cinco mil dólares y que mucha gente me aplaudía aunque yo fatigaba preocupaciones por mi apariencia, pues desfilaba ante todos en tanga. En fin, nada de eso ocurrió en la vida real, simplemente fui a retirar mi premio de una sucursal de Western Union.

“La venganza de la hembra” era el título impuesto por Alejandra para narrar el final de la historia cuya primera parte se titulaba “Hembra escarnecida”

La consigna, enviada por e.mail a miles de potenciales narradores consistía en el link de un video alzado a www.youtube.com bajo el título de “La venganza de la hembra” Luego de terminar la escena aparecían al final de los créditos, el nombre del usuario y la contraseña requerida para narrar lo que sería el final de la historia y el link: www.odiadodiario.blogspot.com.

En la parte de comentarios al blog se hallaban las indicaciones para narrar la historia de “La venganza de la hembra”, decía: Has visto el video que te concede la oportunidad de continuar la segunda parte, cuyo principio te será revelado una vez que hayas publicado tu final en este blog. Observaciones: Solo en caso de que tu imaginación supere lo filmado y tu historia sea mucho mejor, admitiré otro final para mi historia.

Opciones: Puedes: a) limitarte a describir los hechos; b) darle un giro inesperado porque has interpretado a tu manera; c) inventarte un final porque no has tenido paciencia de ver el video o tu internet fue tan lento que no pudiste bajarlo.

Más abajo decía
Premios: Primer premio: Tu historia será publicada en un blog de alcance internacional y en la revista literaria online Tatu Carreta y ganarás cinco mil dólares. Segundo Premio: Tu historia será publicada en un blog de alcance internacional y en la revista literaria online Tatu Carreta donde tendrás la oportunidad de publicar cuatro relatos que serán remunerados en el transcurso del año 2009. Tercer premio: Tu historia será publicada en un blog de alcance internacional y en la revista literaria online Tatu Carreta donde tendrás la oportunidad de publicar cuatro relatos durante el año 2009 en la sección "Mundo Cruel".

Revisé el link de la tal revista literaria
Tatu Carreta y existía, tenía su web, un blogspot, un myspace y otras webs similares que consistían en noticias extravagantes del mundo literario, muchas daban la impresión de haber sido inventadas, pero cómo saberlo, no estaba al tanto de lo que pasaba actualmente en el mundo literario.

Al publicar el final en el blog me llegó a mi dirección de e.mail un archivo que contenía la primera parte de la historia: “Hembra escarnecida”. La leí con premura y ávida curiosidad. Yo había tomado todo esto como una broma pero me interesó jugar con el hecho de narrar, por pura diversión, supongo, o por mi condición de cybernauta emperdenida.

Imprimí “Hembra escarnecida” y también la había guardado, gracias a eso tendrán la oportunidad de leerla, en breve, tal cual fue alzada en el blog
Odiado Diario antes de que éste fuera levantado de la web. Lastimosamente, el video fue prohibido y por ende, borrado hasta de youtube dando mayor popularidad a todo lo que rodea al caso en sí, sea éste real imaginario.

Pero antes, lo prometido: el final, el que fue mostrado en el video. Luego, el principio tal como se configuró la experiencia del concurso online. Es sabido que las publicaciones en los sitios mencionados consitieron en la primera y segunda parte en el orden pertinente con los nombres de las autoras al costado de cada título.

II La venganza de la hembra por Ella Lee ( soy yo)

Ellos son unos cuatro tipos, feos, panzones, toscos y groseros hablando con pastosa lentitud y deleznables tartamudeos que se confunden con el alto volumen de la música. Juegan barajas sobre una mesa de villar. Asoman varias botellas de cerveza tras la espesa nube de humo que despiden los cigarrillos. Se observa al centro del pequeño antro, al costado derecho de la mesa de villar, una pequeña chica semidesnuda, atada a las patas de la mesa. Ella, pálida y de ojos tristes, en algunas ocasiones parece mirar a una cámara, el semblante abatido muta hasta la rabia o el odio. Sus ojos fulguran un atisbo de saña que da la impresión de que se levantará impetuosa y reventará a golpes a los tipos que evidentemente, se divierten a costa suya.

Los tipos ríen, se burlan de ella que les escupe, los llama puercos fracasados y purulentos engendros. La chica, si bien no grita pronuncia pausada y claramente las palabras. Incluso sin audio sería posible leerle los labios y entender los insultos que profiere. Los hombres están borrachos, gritan y bailaban ritmos de moda con primigenia euforia. Uno de ellos levanta a la chica de un tirón y con ayuda de otro la desnuda hasta las bragas, le dejan al menos las botas en los pies. Por los gruesos abrigos que visten ellos, se deduce que hace mucho frío. Ella se sacude en un arrebato de furia. Tirita, se la ve morada de frío, los araña y muerde apenas se acerca alguno de los tipos. Ellos siguen con sus burlas, ríen de los vanos y débiles intentos de rebeldía de la hembra. Le vejan el cuerpo de manos, lenguas, y punzantes dedos, estiran con fuerza sus cabellos. Ella propina resignadas patadas, ellos sujetan sus piernas y caderas, las cuales abren en un ángulo de al menos cuarenta y cinco grados.

El más dominante de todos se baja los pantalones, le toma una lección oral. Mientras, otro, rubio y flaco afana su placer en una esquina regodeándose con la escena; otro intenta desentrañarla por detrás sin atinar a hacerlo. Ella esta bañada en sudor, lágrimas y ajenos fluidos. El más robusto de todos la riega de orín. La chica, menuda, delgada, no da tregua con las convulsiones, sigue soltando groserías, y muerde, araña y se sacude. Les dice que los meterá a la jaula, ellos se burlan diciendo que no se trata de un capítulo de CSI. Ellos están tan ebrios que no logran concretar nada, salvo burlarse de la chica o maltratarla verbalmente en respuesta a las injurias que sus labios desglosan.
Hay un momento de tregua, se abren más cervezas, se encienden más cigarrillos.
La chica, finalmente saca de su bota derecha una pequeña navaja, los tipos al verla armada guardan distancia, ella los amenaza, los mira con semblante altivo y desafiante, con espuma en la boca, mirada iracunda, trémula de resentimiento, empieza a blandir la cuchilla en diferentes direcciones, es una muy filosa y delgada, un bisturí, al parecer y la pone a zigzaguear sonoramente abriéndose paso en la espesa nube de humo que inflama de bruma la pequeña latitud del antro. Ella piensa que estos desgraciados la desollarán y repartirán su cadáver a las ratas. La desesperanza plasma la opresión en su rostro de lágrimas mancillado escurriendo el clamor postrero que descuella cuando esgrime la cuchilla y hiende un surco y otro y otro cada vez con más con violencia contra sí misma, en sus delgadas muñecas. La sangre brota y ella parece sonreír aliviada de mórbida contemplación. Los tipos no saben qué hacer, qué pensar. Todo ha ocurrido en cuestión de segundos. El cuerpo de la fémina yace lívido en el suelo. Ella sigue mirando fijo a una cámara cuya existencia ellos ignoran pero que los pondrá en evidencia para indignación de todos. Ellos tal vez pagarán o no. Ella se ha inmolado por un destino extraño que le ha tocado vivir.

Ese fue mi final para el cuento. Me limité a describir los hechos y a concluir con sentencias supuestas y enigmáticas el suceso.
Lo que parece ser el principio que funciona como móvil de los hechos y que da sentido a la escena del video, scaneado de las páginas de álgún diario personal (escrito a mano) es el que sigue:


I La hembra escarnecida por Alejandra Pesares

Noviembre de 2008
Día martes (que se vayan todos al carajo)
Es un día cualquiera al igual que yo. Uno simple, irrelevante, tengo una conducta mutante e irritada mientras camino resignada por estas apestosas calles. Apestan a los mismos machos idiotas de siempre. La rabia me crece como un tumor, como un grano que se llena de pus y se infecta de dolor cada día más.

Día jueves (cansada e impotente)
Camino insegura y nerviosa, o tal vez fastidiada e insegura (palabra tachada e inentendible). El obstáculo de machos debo atravesar cada día, es irremediable este espinoso tramo, amargo cáliz o lo que fuere. Ellos otra vez, siempre me persiguen por lo que sé. Solo pienso en lo lindo que sería poder desaparecer. Mi tolerancia cada día está más estrujada. No sé hasta cuándo podré aguantar...

Día mil quinientos de la maldita hembra caminante y quejumbrosa.
Hoy no me dejé amedrentar por sus insultos. Caminé con la cabeza en alto y los audífonos a todo volumen. La mañana estaba con un sol también insultante, absorbí su energía y soporté sus groserías, sus sonrisas babosas y a sus atrevidos parlancheos. Los facinerosos de siempre con su astucia a cuestas, con su sorpresa predecible de rústicos adjetivos. ¡Malditos badulaques!

Día de la perra enmohecida:
Me han agredido otra vez. Me dicen putita engreída, cuatro ojos culo de botella, ñandejara experimento. Me amenazaron una vez más. Callé y seguí caminando triste. Uno de ellos me pellizcó el pecho, otro las nalgas y escupió a mis pies su inmundicia. Hoy pensé lo genial que sería tener una ametralladora y volarle a cada uno los sesos, perforarles la entrepierna y moler sus vísceras con una aplanadora.

Día lunes (un poco soportable)
No sé porqué me asaltan tantos resentimientos, no los puedo evitar ni controlar. Posiblemente es a causa de un cúmulo de frustraciones. Tengo miedo de lo que pueda pasar. Mi parte racional intenta analizarlo todo, implora calma, raciocinio, tolerancia.

Día martes (les daré una lección, malditos)
Ensayé ese discurso tan difundido como el mejor de los mitos y me dije, estoy condenada a pertenecer a esta idiosincrasia cultural, debo aceptarlo y adaptarme, carajo. Pregunté a algunas colegialas de doce años si les gustaba que los tipos le gritaran tantos piropos. Ellas dijeron detestar a esos malditos calentones, groseros viejos verdes, horribles y panzones o jóvenes atrevidos. En mi caso, estos improperios voceados en la calle cuando me ven esconden tras sí algo más, el poder de su fuerzza ante mi debilidad tiene un por qué.

Día miércoles (pagarás, débil)
Hoy me fue un tanto mal. Decidí contestar a los improperios con el dedo del medio enhiesto y henchido de indignación. ¿Algo de respeto, acaso? ¡No! Las burlas se hicieron más sonoras. Las carcajadas golpearon mis oídos. Me ofrecieron miles de vergas para mitigar mi amargura y mi enojo.

Día jueves (noche funesta)
Volvía del trabajo y la ruta del escarnio aguardaba ansiosa por mí. Dos de los tipos que a la mañana me habían escupido burlas salieron a cortarme el paso y me arrastraron hasta meterme al antro del cual siempre salían borrachos y agresivos personajes. Tiraron mis libros, vaciaron mi cartera, me llamaron perra insulsa, insolente sabandija, aunque parezca increíble que manejaran semejante vocabulario. ¿Qué me creía yo para desafiarlos? Me darían un castigo ejemplar. Me iban a corregir esa noche y otras tantas.

Me mantuve callada, fingí indiferencia, traté de no perder la calma. Los tipos me desnudaron hasta que quedé solo con el corpiño y la bombacha. Eran varios tipos, el frío y el miedo que me invadía lentamente y me paralizaba. Me hicieron desfilar sobre una mesa de villar, arrancaron mis prendas íntimas, pellizcaron mis nalgas, embutieron sus tensiones en mi cuerpo, me regaron de fluidos, escupitajos y cenizas de los cigarrillos que al final apagaron en mi laxa carne. Trémula de pavor me pensé brava y si bien no arremetí al instante y malherida, tenía en mente hacerlo de alguna manera, fuera feroz o no, tarde o temprano.

Pensé en las putas que debían soportar cada día cosas peores y fermenté de inmediato, de tristeza o de impotencia, qué sé yo. Pensé otra vez en las putas, en sus vulgares tacones altos, en sus pieles curtidas de testosterona, en sus cabellos mal teñidos, en sus bailes ridículos, en sus tangas y corpiños ordinarios, en sus atuendos colorinches y de mal gusto, en sus sangrantes carmines y rubores y sombras moradas, en sus pestañas grumosas de rímel barato, en los sudores pestilentes de todos los que las rodeaban ... y en sus bastardos hijos; seguí cuajada de trizteza para siempre. Mientras pensaba esto muchas cosas pasaban. Pasaron ellos y su telúrica infamia, su insaciable ignominia, su apetito carroñero. Sobre mí y en mí pasaron todos. Me soltaron después de depurarme con el oxidado chorro de una ducha fría. Me congelaba. Los oí proferir temibles amenazas antes de soltarme mientras mantenía la cabeza gacha y la mirada perdida. Finalmente me pusieron mi jeans y mi remerita y me dieron un patada en el culo para echarme en cara la fría noche.

8/12/08

jueves, 20 de noviembre de 2008

TRAVESÍAS GÓTICAS



04/08

Entre las cosas tontas que recuerdo, Dafne, están nuestras tardes radicales. Radicales para nosotras, que gustábamos pasarlas ese verano hablando tonterías, tendidas sobre los panteones del cementerio de Santana.

Inspiraba mucho eL pueblito para esas cosas. Nuestra consigna de ser diferentes nos había condenado a franquear tantos crepúsculos en ese cementerio. Si las siestas de un pueblito de campo son de por sí tranquilas, en éste hasta podíamos sentir el tiempo sin
tiempo y el lugar sin lugar como refugio absoluto. Siempre acompañadas de tereré (que llevábamos a escondidas, pues, se veía mal con nuestro look de chicas góticas), pero qué se le iba a hacer, si había algo radical e infernal en Santana, era la temperatura de cuarenta grados o más. Al final, eso nos saboteaba el plan de vernos cadavéricas y pálidas que tanto anhelábamos (cada día nos tornábamos más bronceadas), aunque de alguna manera, lográbamos adecuar ese ambiente a nuestras necesidades.

Recuerdo el fin de semana que tuvimos que ir a Asunción para la Gothic Nigth Cuánto polvo blanco, base clara y maquillaje contrastante, parecíamos Marcel Marseu, lo único que nos salvaba era mostrar nuestras fotos en el cementerio de Santana. Ese camposanto era nuestro pase vip al círculo de carapálidas de la dark fashion.

Qué de interesante tenía ese cementerio de pueblo salvo estar constituido por panteones del siglo XIX de estilo italiano y su aspecto de total abandono, no sé, tal vez los episodios que se dieron esa vez que... Las tumbas contaban historias de familias enteras, de ahí nos vino la idea de bautizarnos con apellidos italianos, de decir que los sarcófagos de nuestros antepasados latinos nos convertían automáticamente en las más auténticas góticas.

En el pueblo todo resultaba tranquilo, simplemente nos relajábamos y el papel de carapálidas era casi un juego. Siempre vestidas de negro, con recargado maquillaje, asustando a señoras, espantando a arrieros que nos soltaban burlas e irreverentes comentarios. La gente del pueblo nos consideraba brujas, satánicas. Corría el rumor de que éramos almas pugnando nuestras ruindades. La imaginación de la gente era fértil, nosotras nos limitamos a interpretar el papel que de a poco nos iban asignando.

Las tardes de cementerio consistían en fumarnos miles de cigarrillos, mucho tereré, literatura gótica, y mucha música: doom, épico sinfónica, algo de anime y black metal. Mucho maquillaje, algo de scotch, libros de magia negra y escribir poemas a la muerte, a la sangre, al dolor, a la agonía, a la catatonia, en fin, todo lo que hace cualquier gótico como dios manda.

Teníamos un panteón predilecto, el de la familia Santini: amplio, descuidado y con un corredor que aplacaba un poco el maldito sol. Lo mejor de esa familia era su ingratitud para con sus muertos, en todo el tiempo que estuvimos por ahí, nunca vimos a nadie ir siquiera a encender una vela. En realidad, toda esa parte del cementerio, de panteones grandes de arquitectura antigua con mármoles, estatuillas, y hasta gárgolas, era muy poco visitada. Al amparo del moho, de la humedad, de la evanescencia pudimos ser las únicas que disfrutaban de ese apacible espacio por mucho tiempo.

Recuerdo que teníamos nuestras propias estatuillas y gargolitas. Las fotos con ellas nos daban un aire de importancia en la comunidad Asunción`s Gothic Girls quienes creían que de verdad habíamos estado en Italia en las tumbas de nuestros antepasados. Con algunas cosas del movimiento gótico italiano, hicimos lucir en una foto a Ña Tanasia como la una de esas gordas cantantes de ópera: “La vanguardista pavarotta del goth”, supuesta amante de uno de los últimos reales castrati. En la iglesia de Santana, las imágenes de los santos del barroco hispanoguaraní jesuita, bien efectistas, fueron de vital importancia al consolidarnos como las heroínas del goth. Conocedoras de un auténtico armonio utilizado alguna vez por un fraile atormentado por tritonos siniestros, éramos las gotireinas y nadie podía destronarnos. Todas querían vestir nuestros trapos, estrujarse en nuestros corsés, enfundarse en nuestras medias, tomarse fotos con nosotras, prestar nuestros discos, revistas, cruces invertidas, aparecíamos en las páginas sociales de "Los tristes amigos de la oscuridad" y de "Aniquilación con estilo".

Nuestras siestas en Santana, además de ser bendecidas con la humedad de esos panteones y la turbación de la gente del pueblo, nos concedieron una mascota. Recuerdo que decidiste llamarlo Silvester porque según vos, era muy parecido a Stallone. Con el tiempo indistintamente lo llamamos Rocky o Rambo. Yo prefería llamarlo Rambo, como al perro de mi ex. Rambo era monaguillo, por lo tanto nuestro proveedor de hostias, vino de misa, agua bendita y sirios para practicar algunos ritos paganos o la magia negra que tanto nos fascinaba. Él secundaba todas nuestras locuras y como nuestra manipulación consistía en alimentar su erotismo, Rambo obedecía devotamente.

Recuerdo esa vez que decidiste ponerle un collar de perro, y esposarlo a una de las rejas del panteón de los Capone: la escena consistía en una chica (yo) dando de latigazos a un Rambo esclavo sexual que intentaba alcanzar con la extensión de su lengua algunas hostias. Rambo lucía cadavérico y castigado. La foto, fue celebrada y hasta exhibida como arte en una de las Gothic Nigths. A Rambo le pusimos el infaltable trapo rojo a manera de bincha alrededor de la cabezota y yo tenía en una mano, el látigo, y entre los dientes el cuchillo de Rambo -que compramos de Botica Mágica-.

Entre los objetos triviales que rescatamos de las casas de pueblo estaba el armonio de quien en vida fuera Trifón Iglesias, el organista de la iglesia. Decidimos restaurarlo, quedó muy ajustado a la decoración de nuestra humilde morada. Toda una inversión si considerábamos la historia tras las teclas que fueron alguna vez pulsadas por un monje sodomita cuya macabra letanía era guardada con celo en uno de los registros de sonido del armonio y al hacer sonar un intervalo de quinta disminuida (diavulus in musica) presagiaba desgracias.

Pero seguiré contando sobre Rambo. Nosotras, al estreno de nuestra adultez, con dieciocho años recién cumplidos seguíamos con la telaraña de la virginidad enredada entre las piernas, a pesar del marqués de Sade, de las películas de vampiros y mujerzuelas, a pesar de nuestra potencial herejía. Creo que por eso Rambo fue pieza clave de nuestra iniciación sexual.
Les narraré la historia de Rambo.

La historia de Rambo

Rambo era un típico muchacho de pueblo pequeño. Su madre era maestra de escuela y su padre, un labriego envidiado por todos por poseer un tractor amarillo (que Rambo usaba como descapotable, como dice la música). Tenía como ocho hermanos, él era el menor, por fortuna, dispensado de la sobreprotección de sus padres. Ordinariamente, se encontraba en la iglesia o en el cementerio. Su afición religiosa había surgido del impacto que de niño le causaran las procesiones de semana santa. Las pasiones de Cristo, la imagen del Jesús crucificado, la Virgen de los Dolores, la vida de muchos santos mártires, todas esas historias de dolor, sacrificio, entrega y sufrimiento, de alguna manera, habían desarrollado en Rambo, una fascinación por los misterios de la muerte y la estética de la imaginería en general. A los doce años había asistido al velatorio y posterior sepelio una tía suya, Ña Piedad, una de esas amargas solteronas de pueblo. Él había participado de todo: desde la agonía de la anciana -que había muerto presumiblemente de cáncer de pulmón, pues fumaba mucho- hasta los pormenores del maquillaje mortuorio. Rambo guardaba devoción hacia su tía Piedad, ella le había leído La vida de los Santos, le había regalado una imagen de San Miguel Arcángel aplastando de un pisotón la cabeza del demonio, también le había enseñado a rezar el rosario al revés. Ahora, a sus dieciseis años, seguía acrecentando, gracias a ella, la idea que albergaba desde su más tierna infancia: ser sepulturero.

Rambo visitaba a diario la tumba de su tía Piedad donde dilapidaba el tiempo fumando cigarros; llevaba hasta ahí el grueso ejemplar de La vida de los Santos para leérselo a su tía muerta. Con el tiempo, recorriendo los demás panteones, vio a las chicas góticas y naturalmente, los coincidentes encuentros bajo la complicidad de los muertos, gestaron una sólida amistad como pocas ha habido en este paraje infernal llamado Santana.

Rambo era un lindo tipo. Tenía ese porte de italiano que conservaba la gente del pueblo de Santana. Sus buenos genes y su irremediable condición de chico de campo, le otorgaban una musculatura tonificada, un cuerpo muy atractivo, sumado a esto la mirada inocente, lo convertían en un ejemplar muy codiciado por cualquier hembra.
De inmediato Dafne y yo nos enamoramos de él. Si había algo latente en nosotras era una necesidad de ensayar nuestras técnicas de seducción y con el paso del tiempo, después de estar tan distanciadas de la ciudad, de la gente y en especial, de los hombres, nuestro apetito sexual, de inmediato se activó.

Rambo era monaguillo desde los doce años de edad. Si bien había empezado con esa actividad inducido por su devota tía Piedad, con el tiempo, se quedó encargado de todo lo que tuviera que ver con los misterios de la iglesia porque el Padre Sordino se había enamorado de él. Al menos, es eso lo que nosotras pudimos deducir de las cosas que Rambo nos comentaba.
El padre Sordino era un amante de la sodomía. Por lo que pudimos averiguar (y comprobar) al contrario de la consigna que predicaba, gozaba más recibiendo que dando y quien le daba el toque de gracia era el encargado de hacer sonar la campana, un sordomudo de aspecto demencial.
Rambo, según lo que contaba, solo llegaba a mostrarse desnudo, o dejaba que el cura lo observara mientras se bañaba, como quien no quiere la cosa, una típica cadena de favores cristianos. Imaginaba yo que el párroco esperaba con ansias el momento en que Rambo decidiera incrustarle su masculinidad (al igual que, debo admitirlo, esperábamos lo mismo hiciera con nostras).
Alguna vez le pagamos cincuenta mil guaraníes a Rambo para asistir a “una función” en la casa parroquial. Por el agujero del vestuario de los monaguillos, pudimos ver cómo el campanero gozaba dándole el amén al padre Sordino. El ensotanado apenas controlaba las lágrimas y aguantaba como macho hasta que el campanero acabara de zarandearlo, luego, se dirigía al comedor a merendar ka`i ladrillo o maní ku`i con dulce de leche, con proverbial apetito, mientras el campanero sacudía el badajo de la campana que anunciaba la misa de las siete.

El despertar sexual

A las chicas les resultó fácil introducir en la cultura gótica a Rambo. Con las velas, el agua bendita y las hostias inventaban banquetes jubilosos que acompañados de buen vino de misa, terminaban con carne desnuda, la de Rambo, principalmente, quien al final siempre quedaba despojado de vestimentas frente al armonio, obligado a cantar en latín algún laudatorio ceremonial.

Con fondo de la letanía de alguna Diamanda Galas, lográbamos que Rambo pusiera su rígida anatomía al servicio de nuestros caprichos. Casi siempre terminaba atado o esposado. Lo más divertido para nosotras era la disposición que tenía Rambo a ser castigado por sus pecados. Nosotras le decíamos que él iría directo al infierno por ser cómplice del padre sodomita y para cada encuentro lo sometíamos a una punición hasta que escarmentara. En cierta forma, eso lo tranquilizaba, y nosotras disfrutábamos de darle latigazos, atarlo, morderlo, pincharle con tenazas. La verdad era que Rambo nos encantaba y que hacía tiempo habíamos decidido entregarle nuestra preciada virginidad en la primera luna llena del año entrante.

La cita tuvo lugar en el panteón de los Santini. Habíamos llevado todo lo necesario: colchón, velas, música, algunas imágenes eróticas, hostias y vino de misa, el agua bendita también, todo eso que tanto lo excitaba. La idea de hacerlo ahí contemplaba una suerte de excentricidad que por deporte, decidimos guardar. En fin, lo usual, queríamos que la “primera vez” fuera especial.

Empezamos a beber con deleite champagne, fumamos finos habanos. Todo estaba listo. Dafne y yo lucíamos nuestros más sensuales ajuares gothic
lolita, Rambo vestía su traje de monaguillo. Bebimos vino de misa, acompañado de cigarros, y de delirante música celta, lo más acorde a la ocasión. El erotismo iba surgiendo natural a partir de la segunda botella de tinto, entonces decidimos agregarle un poco de emoción a la noche con el célebre juego de la botellita y por cada "verdad o consecuencia", subían de tono las caricias o caían al suelo las prendas.Como de costumbre, decidimos amarrar las muñecas y los tobillos de Rambo y lo llenamos de caricias, lamidas y besos, lo tentábamos con movimientos sensuales, bailes, toqueteos y besos entre nosotras. Al final, el enhiesto miembro de Rambo fue primero montado por Dafne que sintió frustrado su intento de quebrantar la membrana protectora. Rambo hizo que lo soltáramos, él sabía cómo aplacar nuestra virginal ansia. A pesar del fragor latente, sentimos una presencia ajena que nos inquietó. Al rato nos percatamos de que el campanero había estado observando todo a corta distancia apuntándonos con una prominente erección en medio de la inflamada noche y la tiznada lujuria. De inmediato pensamos que el padre Sordino estaría rondando el cementerio también. Nos persignamos asustados, y de pronto, el campanero sordomudo, tras algunos gestos de reproche a Rambo se abalanzó con violencia hacia nosotros con un machete en mano que alcanzó a dar un tajo al hombro izquierdo de Dafne. Ante los desesperados gritos míos y los de Dafne, el loco soltó el machete, al ver la sangre de inmediato, sus ojos se abrieron mucho y centellearon lunáticos, empezó a masturbarse con fruición, gimiendo tan fuerte que retumbó en los panteones. Impactados por todo el conjunto de inesperados hechos, resolvimos huir con premura. Dafne, con el hombro herido sollozaba de dolor. Rambo estaba pálido de susto y yo solo corría arrastrando a Dafne hasta el portón de salida.

Al siguiente día la prensa de Asunción invadía el pueblo. El cementerio, fue sitiado por mucha gente. Al loco del campanario lo habían hallado con los pantalones bajos, a media pierna. El padre Sordino fue encontrado en el panteón Santini arrodillado y orando en aparente estado de shock, con la sotana hecha jirones y sin calzoncillos. Presumo que había sufrido un gran susto al ver el machete y la sangre.
Los titulares de los periódicos rezaban “Los sujetos, quienes en apariencia practicaban algún tipo de rito satánico sodomita, fueron detenidos. Las pruebas encontradas en el sitio eran, en su mayoría, objetos de la iglesia. Pruebas de laboratorio posteriores, dieron presencia positiva de semen en el esfínter del campanero, el esperma pertenecía al padre Sordino" (...)" Por lo visto, el padre, también practicaba sus prédicas: había aprendido a gozar más dando que recibiendo.”

A N A R K O


06/08

En la tarde del 12 de diciembre del corriente año el fatal accidente que sufriera el bus del la conocida banda de punk rock Azar dio fin a la vida de sus cuatro miembros. El bus quedó totalmente destartalado al perder la dirección luego de precipitarse por un barranco ocasionando la muerte del chofer y de la gente del staff también. Azar, que con el éxito “Anarko” se había catapultado rápidamente a la fama, se encontraba promocionando la gira denominada también Anarko y se presentaría la noche del 13 en Filadelfia. La tragedia del accidente ha causado profunda conmoción a los fanáticos de la banda que expresaron su consternación dedicando minutos de silencio en memoria de sus ídolos. (Morgendor, Daria, Memo Rock, Rock made in hell, Asunción, 18/12/ 2005) www.rockmadeinhell.net/noticias/morgendor/volumen/4- 2/18-12-06.html>

El banco Vanguardia fue asaltado a primeras horas de la madrugada de hoy. Según informes, la suma sustraída es de dos millones de dólares. Los guardias de seguridad fueron neutralizados con dardos tranquilizantes. Las cámaras lograron captar imágenes borrosas y el audio de silbidos, presumiblemente usados como códigos para comunicarse por los asaltantes. Se habla de una melodía silbada durante todo el atraco. La policía no ha proporcionado más datos, todo parece indicar que fue un robo planificado desde hace tiempo. (La Nación, Policial, pág. 65. Asunción, 06/08/2005)

- De nuevo con ustedes en Noticiero Central. La noticia de la semana: Del robo al Banco Vanguardia no se tiene aún pistas. En el video de seguridad se distingue sin precisión la silueta de los asaltantes y se destaca el ya comentado silbido usado posiblemente como código que sirve de fondo musical al suceso. Adelante con el material, por favor. (Noticiero Central, Canal 9, 6/08/2005, 12:00 AM)

Eso fue osado, ¿no? ¿Cómo arriesgarse a silbar mientras robaba? Fue a propósito, seguro. Yo pondría a los televidentes a adivinar la canción, todo el país está al tanto ya. A nuestro ladrón de los dos millones de dólares, a quien la curiosidad y el egocentrismo consumen, la noticia del robo lo colma de orgullo; no hay pistas porque soy un ladrón perspicaz, lo del silbido fue solo un toque de gracia, ridícula musiquita que acudió a tu mente en ese momento. Silbar relaja, supongo, destempla.

Nuestro ensayo de anoche oiko, sonó bien loo. Sí, qué pio pasó de la anarquía que ñembo nos definía, estamo pio siendo más serio gua`u, más comerciale, sonamo muy facha, oluo. Pegó atu el ensayo, esa intro de mi teclado fue cool, ¡che vale formal! Lo que a mí me rompe las bolas es que nuestro ensayo kuéra no sean regulare. Lo único irregular es el pulso de tu tambor de hojalata, nde boludo! No sean na así, lo perro, que mala onda, loco, la inpiración ko a vece nomá viene, che ra`a. Demasiado kaigue ko ya son ustee, nadie toma en serio, nunca vamo a grabar el demo para el Pilsen rock así y ya falta nio poco, che ra`a. ¡Kóre! José lo que pierde mucho tiempo con su otro grupo jare`i. Y vo, Ana, comprá pue ya un teclado decente aunque sea de Miramar… Tenemo que ahorrar atu para pagar el demo, loco, no e ko barato hina. Ekiriri, che mboguerái la nde plagueo, vamo atu a ensayar che ra`a, afinen pue, oluo, ante que lo vecino vengan a retarno todo mal ya otra ve. En inglé ya, oluo, wan, chu, tri, forrr, Yeah!!

La gente ve televisión o por lo menos de paso la oye. La mamá o el papá pueden querer saber qué diablos pasa en el mundo mientras esperan con ansias la telenovela o el fútbol. Entretanto Ana merienda, alguien silba la melodía de intro del nuevo tema de la banda. El silbido no es de su mami, ni de su papi, ni de su hermanito, ni del perro, la tonadita proviene de la tele, de la noticia del robo de la semana, el robo del banco Vanguardia: el ladrón del silbido, ¡qué loco fue todo eso! ¡Pero si es mi tema, silbado en el mismo tono, ni más bajo ni más alto! No puede ser, ¿plagié pio la canción? Qué boluda, ahora ¿qué vamos a presentar para el Pilsen Rock?, se necesita nio un tema original. Pero ese ko es mi tema, mi composición, no copié nada. Y ¿cómo se explica entonces que esté en la tele un ladrón silbador misterioso que raja con dos millones de dólares usando de sound track mi intro?

Los conciertos de la banda se sucedieron de manera continua después del al mercado lanzamiento del demo. No fue frustrante no haber clasificado para el Pilsen Rock, no lo necesitaron. Sin grabar un álbum, con apenas un hit, sonaban en las radios, eran invitados a programas de tv y tenían grandes auspiciantes. Se dice que un tipo visionario que escuchaba sus ensayos decidió financiarles la onda. Y bueno, tomaron clases de canto, cuidaron la imagen, aprendieron algunas poses de rock star y se insuflaron auto confianza. En breve tiempo dormían menos, consumían más alcohol, flirteaban con chicas y con drogas, tenían mucha más ropa aunque no tardaron en saber que precisaban de poca para salir en revistas o en tv. Sobrevivieron estoicos cada loco día al acoso de fans histéricas y maniacos de toda especie. Aceptaron con resignación el asedio de reporteros y paparazzis. La presión de los shows los tenía en permanente estrés.

Mal pagaron a músicos sin fortuna para componer una media docena de temas que cubrirían una hora de espectáculo para las giras contempladas en los contratos. Los miembros de la banda no sabían cómo Ana había obtenido el dinero para eso o para el demo pero ya no importaba, perforarse pezones y ombligos, tatuarse la entrepierna, apoyar la ecología, los alimentos orgánicos, el reciclaje, y la lucha contra el cáncer; justificar las páginas de Playboy o el video triple equis con fotos de lampiño a favor de derechos de peludos animales, obligadas y reales ocupaciones de artistas, los tenían ocupados.

Transcurrió el tiempo y el hit “Anarko” que los llevara de gira dentro y fuera del país iba pasando de moda y no surgía un single decente que lograra sucederlo. Ana presionaba al misterioso millonario y aunque éste soltaba dinero apenas ella lo sugiriera para financiar los gastos de la gira, lo hacía cada vez más desconfiado de los resultados que obtendría con ello.

Ana y los demás pasaban la mayor parte del tiempo, borrachos. Los shows los trastornaban, peleaban continuamente. El batero no tardaría en esfumarse, el bajista y el guitarrista seguirían mientras el estilo glamoroso del rock & roll durara. Las deudas ascendían, Ana no lograba componer, el cansancio, el estrés y el vicio la consumían con inexorable premura. Fueron a rehabilitarse varias veces, acudieron a la iglesia, al zen, al yoga, a la terapia, invocaron al diablo y tuvieron un reality show. Los productores musicales los rechazaban, no se arriesgarían a invertir en una banda casi fracasada y sin mínima actitud profesional. La fama los rebasó, los tenía hechos despojos. El mecenas estaba harto de la banducha. El hit en el que había confiado basándose en el supuesto de que melodías como ésa, la gente se la pasaba silbando, perdía sentido ahora, ¡malditos mediocres!

El éxito de los jóvenes rockeros acabaría sin pena ni gloria. Se presume que el accidente que sufrieron podría servir para dar impulso al remix del hit “Anarko” y crear así una leyenda en torno a la desafortunada banda. No era una mala idea, pero parecía mejor opción esperar paciente a que todo se esfumara, que la poca memoria de la gente se comportara como siempre, que los fanáticos olvidaran, que las únicas imágenes dignas de recordar fueran los míticos Lennon, Freddie o Kurt. Al menos ahora podría estar en paz, lo que necesitaba era librarse de esas garrapatas del rock & roll; como cualquier persona normal, quería ir por la vida silbando con tranquilidad la música que se le viniera en gana, así fueran malas canciones de cualquier hijo de vecino.


lunes, 10 de noviembre de 2008

Insectos


Desde la telaraña de la ciudad emerge un insecto. Insignificante como muchos, un órgano reproductor más en las calles.

Debe recorrer la ciénaga. Se toma el bus para ser un microbio sociable. Ofrece inservibles insumos a los pasajeros, ser molestia de una siesta, el escozor perenne del asfalto.

Subir y bajar siendo el fastidio dentro y fuera. La voz que se ahoga en los decibeles de la rancia ciudad. Raída imagen que no podrá postergar su vagina porque la tristeza es solo una variación vaginal, sin saber que en esta jungla pronto será el débil que es devorado lentamente por la boa gigante que digiere al mundo de adentro para afuera. Un cansancio heredado es su tosca armadura.

Otro insecto sube al bus. Por ser colorido puede que se demore un poco la intención de espantarlo o aplastarlo. Ambos son rastreros insectos recorriendo superficies de añejo hedor.

El insecto colorido lame a cada instante sus heridas, no por eso deja de sangrar. El insecto feo e insignificante es de los que reconstruye algunos segmentos lijando con desazones sus lesiones.

Algunas veces los acontecimientos dibujan una historia y cuando dos insectos anotados en la nómina de vaginas de la ciudad pasean en bus, la noche puede teñirlas de circunstancias, circunstancias de hembra, pero circunstancias, al fin.

El enigma repartido en tres existencias: chofer madurando penumbras de macho; dos insectos vaginales filtrando insoportable fragilidad: esa debilidad fastidiosa que muchos ansían castigar.

El instinto del predador dentro de la boa gigante puede ser un quebranta huesos, un profana maldita realidad. La noche revela la condición real del animal.

El bus transita, hace el camino con el predador al volante. Las dos hembras - insecto en extremos diagonales besando los cristales de las ventanas. Oscuras calles aliñando la fatalidad, como a la carne y el aderezo el predador vigila a las potenciales víctimas por el espejo retrovisor,

Ambas y el temblor del pesimismo, el peligro que se adivina. El predador huele el matiz del temor sazona hembras que abate los espejos. Las calles están sin invitados al banquete, aquí hiede a carroña.

Los espejos configuran una complicidad amparada por el temor. El bicho colorido decide oprimir el timbre de parada, el bicho gris la acompaña. El bus no se detiene mas acelera.

En la caja atrapa insectos los cristales se empañan por completo. Afuera, la implacable noche condensa el silencio y la humedad que caldean al predador. Los insectos atacan al predador con aguijones de papel. El predador golpea con brutalidad primero al bicho colorido y luego al bicho gris, ambos intentan combatir con la nulidad del débil que solo aviva el apetito del predador. El bus rueda más noche y sucumbe al descarriarse precipitándose en la soledad. Mutar de mariposa a gusano no es opción Los insectos heridos se arrastran en un último aliento, saben que queda poco tiempo para ver la luz.