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lunes, 8 de diciembre de 2008

INMOLACIÓN


Advertencia.
Esta narración tiene una primera parte, cuya autora no soy yo, que fue publicado en www.odiadodiario.blogspot.com. y en la revista literaria
online Tatu Carreta, una vez finalizado el concurso que consistía en darle un final a la primera parte, escrita por Alejandra Pesares, ejecutora del blog Odiado Diario, ya mencionado.

Leer las confesiones que hacían la primera parte de la historia de Alejandra en su blog
Odiado Diario fue casi tan casual como el hecho de que vos estés leyendo ahora este escrito.

Me había llegado la invitación al e.mail y como soy aficionada a leer blogs de chicas desesperadas, y éste en particular había llamado mi atención con su “Busco narrador que le dé un final a mi historia. Será bien remunerado”, le di click al link de inmediato.

No soy experta escribiendo, solo posteo en el orkut (y con perfiles falsos), alguna vez tuve diarios, costumbre que cultivé hasta los quince años, más o menos, pero desde la funesta tragedia que premiara mi capacidad de ficcionar realidades, decidí recuperar esa época creando este blog de acceso libre y gratuito para mis fanáticos más fieles.

La consigna que proponía Alejandra era como un juego. Por la cantidad de entradas que alzaron al blog en aquella ocasión, unas sesenta, sé que mucha gente había tomado en serio la invitación de narrar el final de la historia de Alejandra.

La invitación hasta ahí era una interesante propuesta lúdica. Con mi amiga Mare nos devanamos los sesos imaginando la primera parte de la historia mientras nos recuperábamos de la impresión que nos había causado el video,que debía ser configurado como texto narrativo para obtener el final de la historia.

Bueno, voy a empezar por la parte que tuve que narrar por encargo. Ahora que superé el trauma, que no me queda otra cosa que escribir mientras me recupero, por lo menos quiero que como testimonio queden estos escritos en mi blog.

Alejandra estaba loca, supongo que lo estaba, más que cualquiera, pero al menos había cumplido con lo que prometía.

Me había erigido como ganadora por haber narrado el mejor final del relato. Había ganado la consigna. Mi entrada fue publicada como primera en el blog Odiado Diario y se titulaba “La venganza de la hembra”, junto a los otros dos finales titulados de la misma manera, que habían clasificado en segundo y tercer lugar. También había sido publicada en la Revista Literaria online
Tatu Carreta, tanto la primera parte, narrada por Alejandra como la segunda, de autoría mía, con los créditos correspondientes para ambas y la mención de ganadora prima que me honraba. Más tarde, fue girado a mi nombre un envió del monto prometido a la ganadora de la mejor narración del relato.

La sensación de haber ganado era de por sí indescriptible. Yo hasta había soñado que había un gran jurado que me entregaba el premio de cinco mil dólares y que mucha gente me aplaudía aunque yo fatigaba preocupaciones por mi apariencia, pues desfilaba ante todos en tanga. En fin, nada de eso ocurrió en la vida real, simplemente fui a retirar mi premio de una sucursal de Western Union.

“La venganza de la hembra” era el título impuesto por Alejandra para narrar el final de la historia cuya primera parte se titulaba “Hembra escarnecida”

La consigna, enviada por e.mail a miles de potenciales narradores consistía en el link de un video alzado a www.youtube.com bajo el título de “La venganza de la hembra” Luego de terminar la escena aparecían al final de los créditos, el nombre del usuario y la contraseña requerida para narrar lo que sería el final de la historia y el link: www.odiadodiario.blogspot.com.

En la parte de comentarios al blog se hallaban las indicaciones para narrar la historia de “La venganza de la hembra”, decía: Has visto el video que te concede la oportunidad de continuar la segunda parte, cuyo principio te será revelado una vez que hayas publicado tu final en este blog. Observaciones: Solo en caso de que tu imaginación supere lo filmado y tu historia sea mucho mejor, admitiré otro final para mi historia.

Opciones: Puedes: a) limitarte a describir los hechos; b) darle un giro inesperado porque has interpretado a tu manera; c) inventarte un final porque no has tenido paciencia de ver el video o tu internet fue tan lento que no pudiste bajarlo.

Más abajo decía
Premios: Primer premio: Tu historia será publicada en un blog de alcance internacional y en la revista literaria online Tatu Carreta y ganarás cinco mil dólares. Segundo Premio: Tu historia será publicada en un blog de alcance internacional y en la revista literaria online Tatu Carreta donde tendrás la oportunidad de publicar cuatro relatos que serán remunerados en el transcurso del año 2009. Tercer premio: Tu historia será publicada en un blog de alcance internacional y en la revista literaria online Tatu Carreta donde tendrás la oportunidad de publicar cuatro relatos durante el año 2009 en la sección "Mundo Cruel".

Revisé el link de la tal revista literaria
Tatu Carreta y existía, tenía su web, un blogspot, un myspace y otras webs similares que consistían en noticias extravagantes del mundo literario, muchas daban la impresión de haber sido inventadas, pero cómo saberlo, no estaba al tanto de lo que pasaba actualmente en el mundo literario.

Al publicar el final en el blog me llegó a mi dirección de e.mail un archivo que contenía la primera parte de la historia: “Hembra escarnecida”. La leí con premura y ávida curiosidad. Yo había tomado todo esto como una broma pero me interesó jugar con el hecho de narrar, por pura diversión, supongo, o por mi condición de cybernauta emperdenida.

Imprimí “Hembra escarnecida” y también la había guardado, gracias a eso tendrán la oportunidad de leerla, en breve, tal cual fue alzada en el blog
Odiado Diario antes de que éste fuera levantado de la web. Lastimosamente, el video fue prohibido y por ende, borrado hasta de youtube dando mayor popularidad a todo lo que rodea al caso en sí, sea éste real imaginario.

Pero antes, lo prometido: el final, el que fue mostrado en el video. Luego, el principio tal como se configuró la experiencia del concurso online. Es sabido que las publicaciones en los sitios mencionados consitieron en la primera y segunda parte en el orden pertinente con los nombres de las autoras al costado de cada título.

II La venganza de la hembra por Ella Lee ( soy yo)

Ellos son unos cuatro tipos, feos, panzones, toscos y groseros hablando con pastosa lentitud y deleznables tartamudeos que se confunden con el alto volumen de la música. Juegan barajas sobre una mesa de villar. Asoman varias botellas de cerveza tras la espesa nube de humo que despiden los cigarrillos. Se observa al centro del pequeño antro, al costado derecho de la mesa de villar, una pequeña chica semidesnuda, atada a las patas de la mesa. Ella, pálida y de ojos tristes, en algunas ocasiones parece mirar a una cámara, el semblante abatido muta hasta la rabia o el odio. Sus ojos fulguran un atisbo de saña que da la impresión de que se levantará impetuosa y reventará a golpes a los tipos que evidentemente, se divierten a costa suya.

Los tipos ríen, se burlan de ella que les escupe, los llama puercos fracasados y purulentos engendros. La chica, si bien no grita pronuncia pausada y claramente las palabras. Incluso sin audio sería posible leerle los labios y entender los insultos que profiere. Los hombres están borrachos, gritan y bailaban ritmos de moda con primigenia euforia. Uno de ellos levanta a la chica de un tirón y con ayuda de otro la desnuda hasta las bragas, le dejan al menos las botas en los pies. Por los gruesos abrigos que visten ellos, se deduce que hace mucho frío. Ella se sacude en un arrebato de furia. Tirita, se la ve morada de frío, los araña y muerde apenas se acerca alguno de los tipos. Ellos siguen con sus burlas, ríen de los vanos y débiles intentos de rebeldía de la hembra. Le vejan el cuerpo de manos, lenguas, y punzantes dedos, estiran con fuerza sus cabellos. Ella propina resignadas patadas, ellos sujetan sus piernas y caderas, las cuales abren en un ángulo de al menos cuarenta y cinco grados.

El más dominante de todos se baja los pantalones, le toma una lección oral. Mientras, otro, rubio y flaco afana su placer en una esquina regodeándose con la escena; otro intenta desentrañarla por detrás sin atinar a hacerlo. Ella esta bañada en sudor, lágrimas y ajenos fluidos. El más robusto de todos la riega de orín. La chica, menuda, delgada, no da tregua con las convulsiones, sigue soltando groserías, y muerde, araña y se sacude. Les dice que los meterá a la jaula, ellos se burlan diciendo que no se trata de un capítulo de CSI. Ellos están tan ebrios que no logran concretar nada, salvo burlarse de la chica o maltratarla verbalmente en respuesta a las injurias que sus labios desglosan.
Hay un momento de tregua, se abren más cervezas, se encienden más cigarrillos.
La chica, finalmente saca de su bota derecha una pequeña navaja, los tipos al verla armada guardan distancia, ella los amenaza, los mira con semblante altivo y desafiante, con espuma en la boca, mirada iracunda, trémula de resentimiento, empieza a blandir la cuchilla en diferentes direcciones, es una muy filosa y delgada, un bisturí, al parecer y la pone a zigzaguear sonoramente abriéndose paso en la espesa nube de humo que inflama de bruma la pequeña latitud del antro. Ella piensa que estos desgraciados la desollarán y repartirán su cadáver a las ratas. La desesperanza plasma la opresión en su rostro de lágrimas mancillado escurriendo el clamor postrero que descuella cuando esgrime la cuchilla y hiende un surco y otro y otro cada vez con más con violencia contra sí misma, en sus delgadas muñecas. La sangre brota y ella parece sonreír aliviada de mórbida contemplación. Los tipos no saben qué hacer, qué pensar. Todo ha ocurrido en cuestión de segundos. El cuerpo de la fémina yace lívido en el suelo. Ella sigue mirando fijo a una cámara cuya existencia ellos ignoran pero que los pondrá en evidencia para indignación de todos. Ellos tal vez pagarán o no. Ella se ha inmolado por un destino extraño que le ha tocado vivir.

Ese fue mi final para el cuento. Me limité a describir los hechos y a concluir con sentencias supuestas y enigmáticas el suceso.
Lo que parece ser el principio que funciona como móvil de los hechos y que da sentido a la escena del video, scaneado de las páginas de álgún diario personal (escrito a mano) es el que sigue:


I La hembra escarnecida por Alejandra Pesares

Noviembre de 2008
Día martes (que se vayan todos al carajo)
Es un día cualquiera al igual que yo. Uno simple, irrelevante, tengo una conducta mutante e irritada mientras camino resignada por estas apestosas calles. Apestan a los mismos machos idiotas de siempre. La rabia me crece como un tumor, como un grano que se llena de pus y se infecta de dolor cada día más.

Día jueves (cansada e impotente)
Camino insegura y nerviosa, o tal vez fastidiada e insegura (palabra tachada e inentendible). El obstáculo de machos debo atravesar cada día, es irremediable este espinoso tramo, amargo cáliz o lo que fuere. Ellos otra vez, siempre me persiguen por lo que sé. Solo pienso en lo lindo que sería poder desaparecer. Mi tolerancia cada día está más estrujada. No sé hasta cuándo podré aguantar...

Día mil quinientos de la maldita hembra caminante y quejumbrosa.
Hoy no me dejé amedrentar por sus insultos. Caminé con la cabeza en alto y los audífonos a todo volumen. La mañana estaba con un sol también insultante, absorbí su energía y soporté sus groserías, sus sonrisas babosas y a sus atrevidos parlancheos. Los facinerosos de siempre con su astucia a cuestas, con su sorpresa predecible de rústicos adjetivos. ¡Malditos badulaques!

Día de la perra enmohecida:
Me han agredido otra vez. Me dicen putita engreída, cuatro ojos culo de botella, ñandejara experimento. Me amenazaron una vez más. Callé y seguí caminando triste. Uno de ellos me pellizcó el pecho, otro las nalgas y escupió a mis pies su inmundicia. Hoy pensé lo genial que sería tener una ametralladora y volarle a cada uno los sesos, perforarles la entrepierna y moler sus vísceras con una aplanadora.

Día lunes (un poco soportable)
No sé porqué me asaltan tantos resentimientos, no los puedo evitar ni controlar. Posiblemente es a causa de un cúmulo de frustraciones. Tengo miedo de lo que pueda pasar. Mi parte racional intenta analizarlo todo, implora calma, raciocinio, tolerancia.

Día martes (les daré una lección, malditos)
Ensayé ese discurso tan difundido como el mejor de los mitos y me dije, estoy condenada a pertenecer a esta idiosincrasia cultural, debo aceptarlo y adaptarme, carajo. Pregunté a algunas colegialas de doce años si les gustaba que los tipos le gritaran tantos piropos. Ellas dijeron detestar a esos malditos calentones, groseros viejos verdes, horribles y panzones o jóvenes atrevidos. En mi caso, estos improperios voceados en la calle cuando me ven esconden tras sí algo más, el poder de su fuerzza ante mi debilidad tiene un por qué.

Día miércoles (pagarás, débil)
Hoy me fue un tanto mal. Decidí contestar a los improperios con el dedo del medio enhiesto y henchido de indignación. ¿Algo de respeto, acaso? ¡No! Las burlas se hicieron más sonoras. Las carcajadas golpearon mis oídos. Me ofrecieron miles de vergas para mitigar mi amargura y mi enojo.

Día jueves (noche funesta)
Volvía del trabajo y la ruta del escarnio aguardaba ansiosa por mí. Dos de los tipos que a la mañana me habían escupido burlas salieron a cortarme el paso y me arrastraron hasta meterme al antro del cual siempre salían borrachos y agresivos personajes. Tiraron mis libros, vaciaron mi cartera, me llamaron perra insulsa, insolente sabandija, aunque parezca increíble que manejaran semejante vocabulario. ¿Qué me creía yo para desafiarlos? Me darían un castigo ejemplar. Me iban a corregir esa noche y otras tantas.

Me mantuve callada, fingí indiferencia, traté de no perder la calma. Los tipos me desnudaron hasta que quedé solo con el corpiño y la bombacha. Eran varios tipos, el frío y el miedo que me invadía lentamente y me paralizaba. Me hicieron desfilar sobre una mesa de villar, arrancaron mis prendas íntimas, pellizcaron mis nalgas, embutieron sus tensiones en mi cuerpo, me regaron de fluidos, escupitajos y cenizas de los cigarrillos que al final apagaron en mi laxa carne. Trémula de pavor me pensé brava y si bien no arremetí al instante y malherida, tenía en mente hacerlo de alguna manera, fuera feroz o no, tarde o temprano.

Pensé en las putas que debían soportar cada día cosas peores y fermenté de inmediato, de tristeza o de impotencia, qué sé yo. Pensé otra vez en las putas, en sus vulgares tacones altos, en sus pieles curtidas de testosterona, en sus cabellos mal teñidos, en sus bailes ridículos, en sus tangas y corpiños ordinarios, en sus atuendos colorinches y de mal gusto, en sus sangrantes carmines y rubores y sombras moradas, en sus pestañas grumosas de rímel barato, en los sudores pestilentes de todos los que las rodeaban ... y en sus bastardos hijos; seguí cuajada de trizteza para siempre. Mientras pensaba esto muchas cosas pasaban. Pasaron ellos y su telúrica infamia, su insaciable ignominia, su apetito carroñero. Sobre mí y en mí pasaron todos. Me soltaron después de depurarme con el oxidado chorro de una ducha fría. Me congelaba. Los oí proferir temibles amenazas antes de soltarme mientras mantenía la cabeza gacha y la mirada perdida. Finalmente me pusieron mi jeans y mi remerita y me dieron un patada en el culo para echarme en cara la fría noche.

8/12/08