
Dispara el arma, desparrama los sesos de la maldita en aquel muelle donde la encontrará su amante. Un mohoso rencor se obstina en recordarle que ella merece ese fin por traicionarlo. Va a dormir satisfecho. Al otro día lo despierta la llamada de su novia, llorosa e inconsolable le cuenta que han asesinado brutalmente a su gemela.