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domingo, 20 de septiembre de 2009

Super héroes


Los súper héroes nunca fueron de mi simpatía, cierto cinismo y escepticismo mezclado con una conciencia del ridículo siempre me hicieron tener una atención vaga hacia ellos.

Cuando era niña no me atraían aunque veía los dibujos animados (por no haber otra cosa en la tv) de El hombre de Acero: Superman y también la serie de Batman y Robin. De los demás dibujitos tipo Hombre Araña, Los Cuatro fantásticos, etc. poco recuerdo, me aburrían y cambiaba de actividad. No me atraían sus historias ni sus poderes ni los casos que tenían que resolver. No me impresionaba nada de ellos, ni su colorido traje con algún logo que lo identificara pegado al cuerpo ni sus destrezas y habilidades. Además que siempre era lo mismo: ellos ganaban sin tanto esfuerzo ni inteligencia.

Entre todos estos enmascarados el que me caía mejor era Batman. Por un lado, porque era un tipo que a través de su ingenio luchaba contra los villanos, por cierto, también con pasados oscuros que justificaba desde su destino criminal y odio a los ciudadanos de ciudad Gótica y del mundo hasta sus aficiones por tal o cual atuendo y símbolos; por otro, porque mostraba sin tapujos que con dinero la vida es mejor a pesar de ser huérfano y de tener a un inepto ridículo y maricón por ayudante: me refiero a Robin. Del mayordomo prefiero no hablar, segundón sumiso y servil. Lo irónico de Bruno Díaz era su altruísmo, siendo heredero de una fortuna quién tiene cómo hobbie ser un anónimo héroe que combate a villanos? Pero hay personas raras, así que dejemos ahí la cosa.

Bueno, decía que Batman me caía mejor porque mostraba un lado un poco más humano, es decir, vulnerable y le había costado cierto esfuerzo llegar hasta donde lo hizo al igual que al Pingüino, al Guasón o al Dos Caras, qué sé yo. El traje de Batman tenía sus defectos, como el de los demás: ajustado al cuerpo, la infaltable máscara y el icono que simbolizaba cierta habilidad suya (alguna virtud del mbopi) pero al menos no era un payaso de traje colorido cuya imagen de hombre en la vida real era de débil, torpe, perfil bajo y subempleado de cuarta; era un platudo millonario solitario meditabundo.

Recuerdo cuánto aborrecía al idiota de Clark Ken y a su ñoña familia. Me mortificaba en cada capítulo comprobar la ceguera de Luísa Lane ante la misteriosa desaparición de su amiguito en medio de conversaciones triviales. Otra de las cosas que me preguntaba era cómo haría Clark para recuperar su ropa o si alguien, por esas grandes causalidades de la vida no había encontrado tirado el atuendo del extraviado (y ahora desnudo) Clark, por ahí. Sin mencionar la de por sí detestable apariencia humanoide y de maya con capa del extraterrestre de súper poderes que además de caer de un planeta ficticio en su primera infancia es tan listo como para guardar tan evidente secreto durante toda su infancia sin siquiera al menos haber sido explotado por sus padres adoptivos para salir por tv en Believe or Not de Rilpley o el libro Guinnes, cuando menos. Como si un niño pudiera aguantarse las ganas de salir a pasear volando o aprovechar sus poderes en un juego de fútbol (americano) más que para ayudar a alimentar a los cerdosen la granja de sus bondadosos padres adoptivos,simples granjeros que supieron guardar muy bien esa nave espacial Kryptoniana. Para terminar con Súperman, su imagen de nerd de gafas de marco grueso creo que no lo necesitaba él sino los demás con la ceguera crónica que parecían sufrir todos para no notar que Clark y Súperman, eran el mismo tipo. Bueno, estas son suposiciones mìas, en realidad parece ser que Luísa era la ùnica que lograba ver al súper héroe volador, bueno, entonces Luísa, qué chica más ciega. Si cuando menos Clark usara una barba para despistarla, ah, puede que fuera lampiño el extraterrestre o que prohibieran el uso de barba en su trabajo. Bueno, de hecho, de ser Súperman cualquier tipo, creo que lo hubiese aprovechado saliendo con miles de mujeres hermosas, diosas de belleza, súpermodelos y ricachonas poderosas y no con una periodista sosa.

Pero entre los absurdos Spiderman no se queda atrás. Empecemos por el traje. No está mal para una fiesta de disfraces, pero vamos, para saltar de un edificio a otro y pretender establecer orden en la ciudad, no sé, creo que cualquiera con un mínimo de sentido común se le reía en la cara. Luego, presentar a un bicho tan repugnante como una araña, casi siempre utilizado para simbolizar ardides y traiciones, como a un modelo de virtudes y poder ... no sé. Una araña se aplasta de un pisotón apenas se la ve, y creo que su modo de vida es tejer una red en la cual está quieta por horas, días, semanas, aguardando a que alguna víctima caiga en ella, no es una cazadora ágil cuyas destrezas y habilidades combatan a depredadores mayores. Pero bueno, la analogía pretendida se comprende por más pobre y rebuscada que parezca. Ahora vayamos a Peter Parker, otro perdedor y pobretón de la vida real cuya "nobleza" no le permite hacer uso de sus poderes para al menos conseguirse un buen piso. Pero Dios, quién quiere súper poderes si va a vivir tan miserablemente. En la vida real Peter Parker es aplastado como un bicho cada día, dista de ser un depredador y en este caso hasta me parece ilógico que tenga un súper cuerpo o una linda cara ya que es un nerd, lo malo es que tampoco tiene cerebro, ni muestra astucia alguna para atrapar a nadie ni a Mary Jane, que obviamente esta lejos de una chica que miraría a un debilucho torpe como Parker.

Bueno, yo me sigo preguntando cómo es que tienen tanto éxito los súper héroes con mayas coloridas. Algo raro hay en el hecho de que resulten tan atractivos para los mita`is unos cuantos tipos forzudos, de trajes ajustados y sensuales, cuya nobleza y gallardía se iguala a la del príncipe azul que enamoraría a Cenicienta. Creo que la respuesta sería: por los poderes. La habilidad de resolverlo todo como por arte de magia y a los golpes, por supuesto. La acción, las armas, la destrucción, toda esa testosterona simbolizada en la posibilidad de demostrar supremacía. No hay diálogo, reflexiones folosóficas o cartas de Sr. Villano tal, recapacite por favor. El símbolo del poder para combatir lo adverso del crimen y la injusticia. Casi tan inútil como gastar oraciones y alabanzas a algún ser superior.

Ese apéndice romántico que todo súper héroe tiene enamorándose de la primera simplona que esté al lado suyo se hace sospechoso, dudoso, de extraña apariencia, aunque supuestamente parece decirnos: no solo perdemos el tiempo resolviendo los problemas de los seres inferiores y sin poder (problemas por cierto siempre nimios ante los de tinte personal: villano que odia a súper héroe, lo podrían resolver en un ring o jugando pulseada), sino que para tener todas las virtudes que cualquier hombre bien requiere, también estamos heridos de amor no correspondido, sufrimos por ello. Vaya, ¿pasa a ser el mayor de sus problemas que una fulana los vea como simples mortales y se enamore de ellos o esa es la última máscara que utilizan estos machotes para esconder otras inclinaciones? Por lo menos estas tipas por los que suspiran los súper héroes son más fieles a la imagen de una mujer real: no elegirían a un perdedor por pareja, a un simple obrerito mal pagado que solo sirve para amigo.

Me pregunto qué pensaría Luísa Lane al ver todo machote a Clark: amorcito, ¿me guardas el secreto?, diría éste. Si se hiciera una encuesta preguntando a las mujeres si podrían cumplir con tan importante tarea aunque sea por el bien de la humanidad, creo que la mayoría respondería que sí. Se guardan secretos más graves como tener un marido borracho , eyaculador precoz, vamos, no está tan difícil la cosa. Aunque según Peter Parker todo el misterio de guardar la identidad es para que los malos no quieran herir a sus seres amados. Ese es el pretexto, pero en la lógica simple uno dice: si se puede mantener en secreto su identidad por qué no poder mantener en secreto su romance. Eso viene a considerar, por simple deducción que una mujer no puede guardar secretos. Tal vez, quién entiende esto.

En fin, entre las habilidades notables de los súper héroes hay una que me gustaría mencionar por ser digna de admiración, la de modisto y costurero. Además de tener un gran don de diseñador que Versace envidiaría (pero solo por el ajustado en la entrepierna de los trajes), me pregunto de dónde sacarían las telas:muchos fardos, hilos, y demás elementos sin mencionar la cantidad de veces que deben hacer un surcido invisible, parches, más trajes de repuesto, pues cualquiera sabe que entre un lavado y otro las telas se destiñen, se extienden, pueden tener bolitas, agujeritos hechos por los grillos y las cucarachas. Bueno, el lavado es un tema aparte, vaya olorcito y manchas que han de mandarse después de estar columpiándose entre edificios, el tráfico y hasta traspirando por una mujer.

En fin, los súper héroes no son cosa de ahora. No sé cuándo ni cómo esos tipos ideales, valientes salvadores musculosos y bien parecidos empezaron a usar mayas pegadas de diseños tan alegres y a esconderse tras la identidad del citadino indefenso. Tal vez Freud y otros cuantos nos darían pista de esto pero digamos que las opiniones masculinas siempre son muy parecidas y unilaterales sean estos sicólogos, sociólogos, publicistas, escritores o consumidores en cuanto a estos asuntos, pero habría que ver, tal vez yo esté generalizando demasiado. De todos modos, esta es una simple opinión.

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